Me levanté del sofá y caminé de un lado a otro, el niño me estaba viendo. Me detuve y lo miré por milésima vez. ¡Carajo! Volví a caminar. Esto era algo que no podía manejar. Me detuve y lo volví a ver. ¡Maldición! ¿Y qué hacía ahora? ¿Cómo se supone que debo actuar con él? Ni siquiera me gustan los niños. Aún no entiendo por qué Carolina decidió tener a este pequeño ser.
— Papi, deja de caminar, me estás mareando — me pidió.
¿Papi? Este niño era igual de confiado que su madre. No puedo creer qu