C52-NUNCA VUELVAS A MENCIONAR A MI HIJO
Santiago apartó a Lupita con un empujón, brusco y sin el menor cuidado. La mujer retrocedió un par de pasos, con los tacones raspando el polvo del ruedo.
—Quítate.
Lupita soltó una risa aguda y calculada.
Sabía perfectamente lo que había hecho; había provocado la escena para humillar a Emma, esa británica que, a sus ojos, solo sabía contraatacar con palabras elegantes.
—¿Qué pasa, Santi? —Se pasó una mano por el cabello, midiendo sus palabras—. ¿Ya no te g