Mundo ficciónIniciar sesiónAún no puedo creerme lo que acaba de decirme. Lo ha dicho sin más: ¿Suya? Rebotan en mi cabeza y aumentan mi enfado a unas dimensiones extremas. No soy una posesión ni nada parecido.
La rotundidad y firmeza de su voz hace que la sangre me hierva y rechine los dientes.
—Yo no soy tuya —le espeto con los dientes apretados. Me clavo las uñas en la palma de la mano e intento contener mi respiración. Su expresión es petulante y burlona—. Jamás voy a ser tuya, ni de nadie. No soy un obj







