Capítulo 107. El perfume del amor
—Por supuesto que el aroma se traspasó, esposo mío. Abracé a Gery con mucha fuerza en el despacho esta madrugada porque estaba muy asustada —declaró Elara sin la menor vacilación, permitiendo que sus ojos sostuvieran de forma directa la mirada afilada y turbia de Alejandro.
Los dedos libres de Elara se movieron lentamente hasta tocar la mandíbula firme de Alejandro, que se sentía tensa y rígida, acariciando la piel arrugada con una delicadeza que se esmeró en mantener constante. El corazón en