Camila estaba de malhumor, y ahora con la llegada de ese hombre se puso peor. —¿Perdón? ¿Y usted quien se cree que es para venir a darme órdenes a mi lugar de trabajo? —cuestionó con evidente furia al momento que levantó la vista.
Pero luego guardó silencio al toparse con la mirada de aquel hombre al que esta misma mañana como despedida le había gritado unas cuantas palabras ofensivas, creyendo que jamás volvería a ver a ese maldito con el que se acostó aquella noche cuando alguien puso una sus