Nataniel movió su silla y se acercó, con mucha agilidad y experiencia se subió sobre la cama y se recostó al lado de la chica y la abrazó por la espalda.
—Sé que lo que te dije por la mañana te ha molestado—. Expresó.
—Mentiras, yo no le pongo mente a esas cosas que usted dice, total, solo somos un matrimonio de contrato.
—No te mientas a ti misma, querida, tu corazoncito está triste porque yo te he rechazado.
—Sí, es cierto, ¿y qué? —Rezongó ella de manera prepotente.
—Lo sabía. —Comentó él, e