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Esa mañana Camila no bajó a desayunar, le dijo a su esposo que se siente mal del estómago y que no tiene nada de hambre, además, teme que al comer su dolor aumente.

La señora Gaviota al darse cuenta de eso, le preparó un té de manzanilla y se lo llevó hasta la cama, el cual se tuvo que tomar porque entonces le descubrirían que ese dichoso dolor es solo un invento de ella para no estar cerca del hombre que a primera hora del día le ha destrozado el corazón.

—Hija, debes de tener mucho cuidado y
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