La chica se metió al baño y allí se cambió de ropa, salió envuelta en una toalla para taparse porque el short le ha quedado casi a mitad de la nalga y ella no está acostumbrada a esas cosas y menos frente a un hombre.
—No sé si tu madre no calculó bien mi talla, o es que lo ha hecho por picardía.
Comentó, avergonzada, pero a la vez le daba risa.
—Pareces una niña que viene saliendo de una montaña y todavía no ha botado el monte, te estás escondiendo del hombre que toda una noche te folló, bueno aunque fuiste tú la que tuvo que haberme cabalgado porque yo no tengo movimientos.
—Olvídate de todo lo que ha pasado entre nosotros y concéntrate en dormir que te tiene más cuenta. —La chica está muy avergonzada por las indirectas que el hombre le está lanzando.
—¿Acaso le temes a la idea de que eso vuelva a suceder? —Preguntó el hombre, alzando una ceja con coquetería.
Y es que, ¿quién resistirá dormir al lado de una chica que hasta su ropa de dormir pide a gritos que la toquen?
—Solo recue