Anastasia estaba nerviosa. Había leído muchas novelas donde la suegra odiaba a la mujer de su hijo y ella no quería ser una nuera despreciada.
—Está bien, así lo haremos. —el señor Nataniel, prefiere seguirle la corriente, porque llevarle la contraria significaría otra discusión.
—¿Y si me piden que les muestre mi ropa para… para ver si es adecuada para que la use la cuidadora de un millonario? —Preguntó ella muy preocupada, pues ni siquiera eso trae y teme que no le crean su mentira.
—Tienes