El hombre quería seguir bromeando, pero Camila estaba preocupada por su futuro y no tenía ánimos ni para reír.
—Por favor respéteme señor, ni porque no puede caminar no deja la coquetería usted— lo regañó.
—Creo que no me impide nada el hecho de estar así, sino, pregúntate de qué manera llegó nuestro hijo a tu vientre.
—Pobrecito mi bebé, él no merecía morir, debió de nacer, yo lo hubiese amado y luchado por él para que nadie le hiciera daño.
—Tranquila hermosa, no te pongas triste, ya tendrá