Capítulo 34: Dibujos rotos.
Tarah Kontos
—¡Oh por Dios! ¿Qué hizo? ¿Cómo pudo ser tan torpe? —inquirí mirándolo molesta.
El abogado me miró sin un ápice de culpabilidad, fruncí el ceño, sin entender por un momento su reacción, al mismo tiempo que observaba boquiabierta cómo el café manchaba los documentos y parte de mi ropa.
La mancha se extendía rápidamente, arruinando la impecable blancura del papel y dejando un rastro de café en mi vestido. Mi mirada se alternó entre los documentos manchados y Maxwell, quien parec