Agosto en Ciudad de México era el mes en que las lluvias se volvían predecibles de la manera más impredecible posible: llegaban a la misma hora todos los días y duraban exactamente el tiempo que querían, que podía ser veinte minutos o tres horas sin que ningún pronóstico lo anticipara correctamente.
Ximena había aprendido a vivir con eso llevando siempre una chamarra impermeable ligera en el bolso, lo cual no era adaptación extraordinaria sino simplemente la lógica de quien prefiere las solucion