El amanecer llegó sin piedad a través de las ventanas del departamento de Ximena en La Condesa, encontrándola despierta y sentada en el sofá con el contrato de Sebastián extendido sobre la mesa de centro como si fuera un cadáver que necesitaba ser examinado minuciosamente. Había pasado las últimas seis horas leyendo cada cláusula con obsesión, cada término legal, cada palabra en letra pequeña que podría convertirse en trampa mortal si no prestaba la atención adecuada.
Renata roncaba suavemente e