El silencio en el Suburban blindado era tan denso que Ximena podía escuchar su propia respiración. Rodrigo conducía con su habitual profesionalismo imperturbable, pero incluso él parecía consciente de la tormenta que se gestaba en el asiento trasero del vehículo. Habían salido del Hotel Four Seasons hace veinte minutos, dejando atrás el caos de la Cumbre Empresarial donde Ximena había expuesto públicamente las manipulaciones de Patricia frente a doscientos ejecutivos.
Sebastián estaba sentado lo