El amanecer llegó sin que Ximena lo notara realmente. Había pasado la noche en la habitación de invitados, alternando entre mirar el techo en la oscuridad y revisar obsesivamente su teléfono como si pudiera encontrar respuestas en la pantalla iluminada. A las cinco de la mañana, había escuchado a Sebastián salir del penthouse sin decir una palabra. El sonido de la puerta cerrándose había resonado con una finalidad que hizo que algo en su pecho se contrajera dolorosamente.
Ahora, a las ocho y med