Fernando Aguirre llegó al trabajo el segundo miércoles de enero a las ocho y media, como hacía todos los miércoles desde hacía veinticinco años.
Sebastián lo observó llegar a través de las cámaras de seguridad del edificio desde la oficina de Omar en el piso dieciséis, con la atención específica de quien está mirando a alguien que conoce de una manera diferente a como lo conocía el día anterior.
Fernando Aguirre tenía cincuenta y tres años. Había entrado a Alcázar Enterprises en 2001, a los vein