CADEN
Patas arriba.
Como un cachorrito enamorado.
A medida que pasaban los días y yo salía a trabajar, mi corazón se quedaba en casa, enredado en Maya. Era un ejercicio de fuerza de voluntad dejarla todas las mañanas. Me daba miedo cerrar los ojos por la noche, sabiendo que eso traería la mañana de vuelta a mí en un instante, lo que significaba que tenía que dejarla otra vez.
Se había convertido en una obsesión. Verla reír me hacía sentir débil. Una sonrisa suya era suficiente para llevarme a s