Mi corazón retumbó en mi pecho cuando Caden se detuvo con su cara entre mis muslos, mirándome con esos profundos ojos marrones.
—Dilo otra vez —dijo, pasando la lengua por sus labios mientras me observaba. El calor que ya inundaba mis mejillas se intensificó mientras me retorcía. Nunca antes me habían hecho pedir placer. Los chicos siempre habían estado tan desesperados por llegar a la acción principal que jugar conmigo no estaba entre sus prioridades. No tenía la menor intención de ir más allá