La mansión Anderson se encontraba a unos cuantos kilómetros de la ciudad, rodeada de colinas ondulantes y árboles verdes y frondosos. Parecía perfecta, desde los jardines bien cuidados que se extendían a lo largo del largo y sinuoso camino de entrada hasta el granito pulido que brillaba bajo el sol de la mañana. Sentí garras en el estómago cuando el coche conducido por el chófer se acercó al enorme edificio y tragué saliva con fuerza. Una cosa era estar casada con Caden y a unos cuantos miles d