Capítulo 85: Condenada por callar
Ariadne apretó los labios. No iba a defenderse, porque no servía de nada.
El teniente se inclinó ligeramente hacia adelante.
—Pero hay algo que no entendemos. Usted no actuó sola, eso nos queda claro, ya que usted no puede construir una empresa fantasma por si misma, sin ayuda de alguien más. Alguien la ayudó. Sabemos que alguien financió el tratamiento de su madre. Y ese alguien sigue libre mientras usted se pudre aquí.
Ariadne sintió un nudo en el estómago.