Capítulo 44: Acorralada
La tarde se arrastró con una lentitud agonizante. Ariadne intentó descansar, pero cada pequeño ruido la hacía saltar. Aquella amenaza danzaba en su mente, un torbellino de miedo y paranoia. Necesitaba esas fotos. Era lo único tangible que tenía, la única moneda de cambio en este juego perverso.
Finalmente, la oscuridad cayó sobre la ciudad. El penthouse se sumió en un silencio profundo. Ariadne esperó hasta la medianoche. Se puso ropa oscura: unos leggings negros y una