Capítulo 18: Ladrona
—¿Qué demonios haces en mi despacho?
La voz de Damián cayó como un portazo.
Ariadne se quedó inmóvil. La caja fuerte abierta. Su brazo extendido hacia el interior. La caja de terciopelo ahí, como una invitación a la tragedia.
Lentamente retiró la mano… y cerró el puño al instante, apretando el USB hasta que le dolieron los dedos. Lo escondió pegándolo a su muslo, detrás de su cuerpo, como si fuera un reflejo.
Giró despacio.
—Yo… —La palabra se le atoró. Respiro profundo—.