Capítulo 29
Con las manos temblorosas, Ariadna desciende las escaleras hacia el salón. Su mirada está perdida y sus ojos llenos de lágrimas delatan el peso de su descubrimiento.
Se acerca a su padre, quien conversa con un grupo de lobos, y le pide un momento a solas.
Henry sonríe al principio, pero al notar el rostro devastado de su hija, la sonrisa se desdibuja. Algo en su corazón le dice que Ariadna lleva un dolor profundo.
—¿Qué sucede? ¿Por qué estás así? —pregunta, tomando sus manos