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El pequeño Lucien, después de que su mamá terminó con su extenuante trabajo, por fin pudo comer, Angelina, lo llevó a su restaurante favorito, Lucien, tenía un paladar especial, le gustaba todo lo gourmet, igual que a su padre y su abuelo Angelo
— Mamá, estás costillas de cordero están deliciosas — Angelina, despeinó un poco los cabellos de su hijo, pero el niño rodó los ojos disgustado
— Mami, ¿qué te he dicho acerca de despeinarme? a las niñas no les gustan los niños desprolijos, ¿quieres