Pensé que moriría.
Pensé que lo había matado.
Mientras corría hacía él, sin saber por qué exactamente, de verdad pensé que lo vería morir. El banquillo estaba roto y Gerard estaba cayendo. Tal vez era la adrenalina disparada en mi sistema, pero pude ver con detalle todo lo que ocurrió en ese breve instante. Miré el banquillo fracturarse y Gerard, que estaba recostado sobre ella, perder el equilibrio de la barra que sostenía y ladearse con ella. Uno de los discos más pequeños se salió de la ba