El atardecer llegó, Arielle y Enmanuell regresaron a la hacienda hablando y riendo. Desmontaron sus caballos y caminaron hasta llegar a sus habitaciones.
Enmanuell fue al baño, quitó su ropa y se miró al espejo.
—No creo que tú estés cayendo en sus redes de encanto Enmanuell. —le dijo a la imagen frente al espejo sonriendo.
Se duchó, se vistió y bajó al comedor.
—Buenas noches Enmanuell, veo que todo terminó bien, te vi llegar muy feliz. —Dijo Doménico.
—Todos merecemos otra oportunidad en la v