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Enmanuell vio salir a Arielle sin pronunciar palabras, dió un fuerte golpe en el escritorio y caminó de un lado a otro, pasándose las manos por su rostro.

—Grandísimo imbécil que soy. ¿Cómo fui a decirle eso?

Salió de la oficina y a lo lejos vio que se alejaban Arielle y Doménico.

Sintió un estrujón en su corazón ver cómo reían. Fue a las caballerizas y luego a los corrales, todos lo vieron de muy mal humor, y nadie dijo ni pronunció palabras.

—Tomás, prepárame un caballo. —ordenó y Tomás lo hi
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