Siento la casa distinta; supongo que me acostumbré a la casa del lago en Colombia, a despertar rodeada de recuerdos de Dominic y de momentos que todavía me aprietan el pecho.
—¡Señora Blanca! —Sonia deja la bandeja sobre el arrimo de la entrada y corre a abrazarme. Cierro los ojos al sentir su cariño. No puedo negar cuánto extrañaba a esta mujer, que tantas veces fue mi apoyo cuando las cosas con Sebas iban mal.
—Ay... cómo te extrañé. ¿Todo bien por aquí? —pregunto cuando nos separamos.
Sonia