Debo continuar.
Mi cuerpo comienza a temblar; no puedo creer lo que escucho. Miro a Carlos directo a los ojos. Quiero creer que es sincero, pero, por otra parte, deseo con toda mi alma que esté jugando y que sea él quien tiene el video. Sin embargo, algo en su mirada me dice que está diciendo la verdad, y eso hace que el pánico crezca dentro de mí. Ese acto tan íntimo que grabé para él anda rondando por ahí, en las manos de no sé qué loco.
Me cubro el rostro con las manos y rompo a llorar. Siento vergüenza de