Cap. 98
Dentro de la habitualidad de la comisaria era extraño contemplar una chica tan delicada y joven postrada en una de las butacas dispuestas a las afueras de las celdas de detención. Su bella mirada permanecía clavada en suelo, jugueteaba con el dobladillo del diminuto vestido que portaba, mordía su labio inferior con insistencia y ocultaba su lindo rostro detrás de la larga melena de mechones rosados, era fácil deducir que estar rodeada de policías no le parecía nada agradable, mucho menos cuando