Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire sale de tus pulmones de golpe. Te das la vuelta casi sin pensar, apoyas las manos en la camilla y arqueas la espalda como si ya supieras exactamente lo que viene.
El Dr. Rafael se queda detrás de ti, sin tocarte todavía, solo con el calor de su cuerpo quemándote la piel.
— Buena chica… ahora abre un poquito las piernas… eso… un poquito más… perfecta.
Sientes cómo baja la cremallera, lenta y ruidosa en el silencio absoluto de la consulta. Ese sonido casi te hace correrte ahí mismo.
— Mira lo que me hiciste, linda… mira el tamaño del problema que causó ese coñito tuyo.
Giras la cara hacia un lado y lo ves: su verga salta hacia afuera, gruesa, venosa, con la cabeza roja y brillante de precum, latiendo pesada en su mano. Es mucho más grande de lo que jamás imaginaste que te entraría.
— Ahora dime bajito… dime que quieres que el doctor termine el examen así.
Tu voz sale temblorosa, casi un susurro:
— Quiero… que el doctor termine el examen… así… por favor…Él apoya la cabeza de su verga en tu entrada, solo rozando, mojándola con tu excitación que ya te corre por los muslos.
— Entonces quédate bien quietecita… porque ahora voy a entrar muy despacio… centímetro a centímetro… hasta que sientas la tela de mi bata rozando tu espalda.
La cabeza te abre despacio, te estira, quema delicioso. Sueltas un gemido largo e involuntario. Él se detiene.
— Respira… un poquito más…
Otro centímetro. Se detiene otra vez. Sientes cada vena, cada latido.
— Mira cómo tu coñito se lo traga… parece que llevaba todo el año esperando esto.
Estás lloriqueando bajito, las piernas temblando, lágrimas de placer en las pestañas.
Él te agarra firme de la cintura, se inclina sobre ti, boca pegada a tu oído:
— Cuando esté todo dentro, vas a contar hasta diez… muy despacio… y solo cuando llegues al diez voy a empezar a moverme. ¿Entendido, linda?
Asientes rápido, desesperada, con la voz casi desapareciendo:
— Entendido… doctor…El Dr. Rafael empuja el resto de una vez, lento e implacable, hasta que sientes sus huevos contra ti, la cremallera fría del pantalón rozando tu culo y la bata blanca acariciando toda tu espalda. Sueltas un gemido largo, ronco, casi un sollozo.
— Ahora cuenta… bien bajito…
Empiezas, con la voz temblorosa y quebrada:
— Uno…Él palpita fuerte dentro de ti.
— Dos…
Otra pulsación, más profunda.
— Tres…
Sientes que se hincha todavía más.
— Cuatro…
— Cinco… — Seis…Cada número es una tortura deliciosa, cada segundo una eternidad.
— Siete…
— Ocho… — Nueve… — Diez…Cuando terminas con un sollozo, todo tu cuerpo temblando, él te agarra el pelo con suavidad, tira tu cabeza hacia atrás y pega su boca a tu oreja:
— Examen concluido con éxito. Ahora agárrate fuerte… porque el tratamiento va a ser largo.
El Dr. Rafael no se mueve todavía. Se queda completamente enterrado, pulsando, con la bata rozando tu espalda a cada respiración pesada suya.
— Primero vamos a medir la profundidad correcta del tratamiento. Quédate quietecita.
Sale casi por completo, muy despacio, hasta que solo queda la cabeza dentro… luego entra de nuevo, lento, hasta el fondo, hasta que lo sientes en el estómago.
— Excelente… respuesta perfecta.
Empieza un ritmo lento y clínico, como si realmente estuviera midiendo algo. Una embestida profunda… pausa de tres segundos… otra embestida… pausa…
— Respira por la nariz… suelta por la boca… eso… ¿sientes cómo el cuello del útero baja un poquito con cada movimiento? Es señal de relajación total.
Gimes alto, sin poder contenerte.
Él sigue, con voz calmada y didáctica, mientras te folla despacio:
— Noté que cuando llego justo aquí… — empuja más profundo, se queda ahí y gira las caderas — …te contraes fuerte… es un reflejo normal de alta excitación. Vamos a repetirlo diez veces para confirmarlo.
Y repite. Diez embestidas lentas y profundas, quedándose hasta el fondo cada vez, mientras tú te vas poniendo más blanda, babeando sobre el papel de la camilla, con las piernas temblando sin control.
— Excelente… ahora sí empieza el tratamiento propiamente dicho.







