Despedida.
Al día siguiente, nos dirigimos a tomar el bus de regreso a casa , no estoy feliz quiero que ese transcurso sea eterno.
Estoy sentada a su lado, él sostiene una de mis manos y conduce con la otra, no pude decir nada, mis ganas de llorar eran tan fuertes que apenas me contenía.
Daniel me acompaño hasta el punto, ambos estábamos parados con mis maletas enfrente, me sostenía la mano
cuando vimos que ya llegaba el transporte, algo dentro de mí se estaba partiendo, mis lágrimas brotaron poco a poco