Santina preguntó, desconcertada:
—Adrián, ¿Elena no dijo que no le gustaban estos eventos? ¿Por qué vino?
Con una mano en el bolsillo, él observó a los recién llegados. Su mirada se volvía cada vez más sombría.
A poca distancia, Julián cubría con una mano el borde superior de la puerta del carro y extendía la otra hacia el interior.
Elena puso su mano en la de él y se dejó ayudar para bajar.
Cuando estuvo de pie, Julián se inclinó para acomodarle la falda y luego dobló el brazo.
Ella lo tomó co