El carro blanco también había quedado muy dañado.
Una mujer con el cabello revuelto y la cara llena de sangre estaba inclinada sobre el volante.
Miró los pedazos de la defensa en el piso y a Elena, inmóvil en el otro carro, sin saber si seguía viva.
Tenía los ojos llenos de terror.
Era evidente que no había imaginado que llegaría a chocar de verdad.
Salía humo del cofre.
Se apresuró a encender otra vez el motor y huyó del lugar.
***
Adrián estaba en una cena de negocios.
En la gala no había p