Era ya tarde en la noche cuando Fabiola finalmente se quedó dormida.
Benedicto entró al baño y tomó una ducha de agua fría durante más de dos horas antes de finalmente deshacerse del calor que invadía su cuerpo.
Al salir, vio el rostro sereno de Fabiola durmiendo.
Ella yacía en la cama, mostrando solo su pequeña cara pálida. En sueños no se parecía a cuando estaba despierta, siempre sonriente, sino que fruncía el ceño, como si tuviera un nudo que no podía deshacer.
Benedicto no pudo resistir y b