Benedicto miraba fijamente su teléfono móvil con los ojos llenos de intensidad, como si quisiera perforar el dispositivo con su mirada.
Sergio, de pie frente a él, sentía que su cuerpo ya no pertenecía a este mundo.
Contenía la respiración, tratando desesperadamente de hacerse invisible.
De repente, el teléfono se estrelló contra el suelo con un fuerte golpe, rompiéndose en pedazos.
Sergio dio un gran salto, levantando la mirada hacia Benedicto.
Y lo que vio le robó el aliento.
Benedicto parecía