Benedicto se tambaleó tras recibir el golpe, pero pronto se estabilizó apoyándose en el sofá.
Miró fijamente a Alejandro.
Las palabras de Alejandro fueron como un rayo de luz que disipó la niebla.
Era cierto, él sufría, pero ¿acaso Fabiola no sufría también?
Lo que tenía que hacer no era rendirse a sí mismo, sino averiguar rápidamente por qué Fabiola quería divorciarse de él.
Tomó varias respiraciones profundas y marcó el teléfono interno: —Entra.
Medio minuto después, Sergio entró con timidez,