Durante este tiempo, ella había estado utilizando el trabajo de alta intensidad para evitar enfrentar el hecho de que Benedicto era en realidad el tío de Cedro.
Hoy, cuando Natalia mencionó a Benedicto, fue como si tomara un cuchillo afilado y abriera una herida. El dolor que estaba escondido en lo más profundo de su corazón, como un río desbordante, inundó de repente todo su ser, haciendo que su cuerpo entero se retorciera involuntariamente.
La cara de Natalia cambió instantáneamente: —Jefa, ¿q