Al principio, Benedicto realmente pensó que Fabiola lo había perdonado, pero pronto se dio cuenta de que la sonrisa en su rostro no era sincera.
Él sabía cómo era una verdadera sonrisa de Fabiola, por lo que podía distinguir fácilmente entre una genuina y una falsa.
Este descubrimiento lo perturbó bastante, pero tampoco quería romper esa aparente paz y belleza.
incluso si era falsa.
Sacó su teléfono y llamó a Sergio: —¿Encontraron algo en el teléfono de Rosalía?
Sergio respondió: —No, nada fuera