Capítulo 318
En un estado entre sueño y vigilia, Fabiola sintió que no estaba acostada en la cama, sino en un mar de flores suaves.

En ese mar de flores, podía oler la fragancia de varias especies.

Finalmente, despertó y tocó con sus dedos la barbilla de Benedicto.

Él inclinó ligeramente la cabeza y besó la punta de sus dedos: —¿Estás bien?

Fabiola respondió: —Solo tengo hambre.

Benedicto sonrió levemente: —Le pediré a Sergio que traiga algo de comida.

—¿A esta hora? ¿No habrá terminado su turno?

—No —Benedi
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