Benedicto apoyó suavemente su dedo en la frente y echó un vistazo a Cook, quien parecía disfrutar de la situación. Con su otra mano, acariciaba el cuello de Fabiola: —Sí.
—¿Conocías al señor Cook desde hace tiempo?
—Sí —Benedicto se enderezó y miró a Cook. —Un verano fui de viaje a Estado D, y justo al bajar del tren vi a Cook siendo robado por unos gamberros...
Al decir esto, Benedicto sonrió: —Recuerdo que ese gamberro solo tenía unos dieciséis años y medía más o menos un metro sesenta, pero e