Benedicto, con su imponente estatura, se paró bajo la luz, con una sonrisa satisfecha en los labios.
—Vamos —dijo, llamando a Fabiola
Ella levantó la vista, vio a Benedicto y se acercó rápidamente, enganchando su brazo con el de él: —Está bien.
Benedicto la miró: —¿Alguna buena noticia?
Fabiola sonrió misteriosamente: —Lo sabrás en la mesa del comedor.
Dicho esto, hizo un gesto de puño cerrado hacia Patricia, quien apretó nerviosamente sus labios.
Patricia apretó nerviosamente los labios.
Los tr