Patricia lanzó una mirada lastimosa hacia Benedicto.
Benedicto tenía las manos en los bolsillos y una expresión fría, sin intención alguna de hablar en su defensa
Isabel, enfadada, dio un pisotón y se alejó.
Fabiola observó la espalda de la joven, sonriendo de lado, y guardó el dinero en su bolso.
Benedicto se acercó y rodeó con su brazo la cintura de Fabiola: —Vamos a cenar.
Fabiola miró hacia el ascensor: —¿No deberíamos subir a ver cómo están?
Benedicto sonrió: —¿Para qué?
—Pero me preocupa..