Capítulo 142
—No hay problema —sonrió Fabiola, y lo vio entrar al hotel antes de volver a mirar a Benedicto.

Benedicto seguía hablando por teléfono.

Fabiola sacó su móvil y jugó unos cinco minutos, hasta que una mano grande rodeó su cintura.

—¿Te desesperaste esperando?

Fabiola levantó la cabeza: —No, ¿vamos a casa ahora?

—Sí.

—¿Y papá?

Benedicto guardó silencio por un momento: —Todavía está en la casa de los Ramírez.

—¿Deberíamos ir por él?

Benedicto acariciaba la delgada cintura de Fabiola: —El viejo solo
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