—Señor, yo-yo no era realmente la... prostituta de este club. Sólo era una camarera y no me siento muy cómoda con esto—. Murmuré, rezando para que lo entendiera.
Miré al suelo y esperé a que hablara.
—¿Y qué haces aquí si sólo eres una camarera? Yo no envié a una camarera. Le pagué al gerente para que me diera una mujer que me acompañara—. Su tono sigue siendo bajo pero sin una pizca de enfado. —Eres la mujer que estuvo cantando las últimas noches, ¿verdad?
Asentí, levantando la cabeza.
El hom