—¡Espera, te acompaño a casa! — Clyde aparece de repente viniendo de la granja.
—En serio, no hace falta—. Le dije, todavía no me he alejado tanto de Ryan así que estoy segura de que lo ha oído.
—No, quiero hacerlo—. Insistió Clyde.
—Eso es un hombre casado, hijo—. Le recordó Margaret.
—Sólo estoy siendo su amigo, mamá. No te preocupes, no me la comeré—. Clyde esbozó una sonrisa burlona antes de volverse hacia mí. —A menos que tú quieras.
—Será mejor que le quites las manos de encima, Clyde. No