—¿Diga?— Contesté, volviendo a dejar caer la cabeza en el sofá mientras me ponía un brazo encima de la cabeza, tapándome los ojos.
—¡Hola, Elena! Ha venido un hombre guapo hace unos minutos y te está buscando—. Su voz era tranquila pero un poco chillona. Hm, ¿para qué?
—¿Y dijo su nombre?— Pregunté, con las cejas fruncidas.
—Um, no.— Murmuró. —Me pidió tu dirección, así que se la di.
—¡¿Tú qué?!— Solté un fuerte grito ahogado que me hizo incorporarme de golpe. —Jeng, ¡¿por qué hiciste eso?!— Mi