—¡Por qué sólo hay una manta en esta estúpida casa de mierda! — Silvestre chasqueó, buscando en la habitación si hay alguna sábana extra pero no. Casi registramos toda la casa, pero no hemos visto ni una sola cosa que nos haga dormir en camas separadas a no ser el sofá que está muy libre.
—No me mires a mí, idiota. No soy yo quien te ha traído aquí—. Me quejé, pasando junto a él y luego me subí a la cama y me metí entre las sábanas —Buenas noches—. Bostecé. —Hay un sofá allí cerca de la ventana