DESCONOCIDO
Silvestre gimió mientras sentía como si le pisaran la cabeza y el cuerpo unos caballos y le dolía la espalda como si lo hubieran arrastrado y lo hubieran tirado.
—Joder— murmuró, intentando abrir los ojos, pero el sol le daba de lleno haciendo que los cerrara de nuevo. Entonces empezó a parpadear y se volvió a sentar y de repente, ¡se dio cuenta de que había una mujer morena tumbada a su lado!
—¡Mierda! — Inmediatamente saltó de la cama y recorrió con la mirada el dormitorio que ocu