Eloy
—¡Eloy hijo, ven a desayunar! —gritó mi madre desde la ventana de su cocina.
—¡Por Dios Santo! —exclamé enojado.
Aquel día como lo hace habitualmente, mi madre preparó nuestros desayunos temprano por la mañana. Pero como siempre lo hacía, ignoré a sus llamados y me volví a dormir.
¿Por qué esa necesidad de despertarnos tan temprano?
¡Nuestros ancestros jamás salieron de sus hogares cuando el sol gobernaba!
—¡Déjenme dormir! —les grité para que no siguieran tratando de despertarme, a la vez