Parpadeó dos veces, aún con el sobre en la mano.
Por un segundo, su cerebro no conectó los pontos.
¿Montblanc?
¿La agencia de talentos más grande de Europa?
¿La misma que siempre había soñado con que la notara?
¿Y por qué demonios estaban enviando una carta para Dorian?
Le entregó el sobre a Filipe, pero sus ojos se quedaron fijos en él hasta el último segundo.
—¿Está todo ahí? —preguntó él, secándose la cara con la manga.
—Ajá —respondió ella sin convicción.
De camino a la cocina, empapada de